El huracán Irma golpea la costa de Florida

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Recently planted palm trees lie strewn across the road as Hurricane Irma passes by, Sunday, Sept. 10, 2017, in Miami Beach, Fla. (AP Photo/Wilfredo Lee)

Florida pasó por el ojo del huracán. Con vientos de 215 kilómetros por hora, Irma alcanzó este domingo Estados Unidos, dio un mazazo histórico a sus costas y luego empezó a perder fuerzas. Al final del día, tras haber sembrado la devastación en el sur del estado y amenazar la costa oeste, el monstruo que días antes había arrasado el Caribe quedó reducido a un huracán de categoría 2.

Atrás dejó dos millones de personas sin luz, enormes daños sin cuantificar y al menos tres muertos. Todavía bajo la onda expansiva de Irma, Florida empezó a pensar en su reconstrucción. “Miren por sus vecinos, por su familia. Ayuden a quien puedan”, dijo el gobernador Rick Scott. El presidente Donald Trump aprobó la declaración de “gran desastre” a la zona.

El huracán vino precedido por el terror. El ejército de tormentas, marejadas y ráfagas explosivas que le acompañaban había sembrado decenas de muertos y miles de millones en pérdidas en Cuba, Barbados, San Martín y las Islas Vírgenes. Con esta credencial, el domingo le llegó el turno al sureste estadounidense.

La pesadilla irrumpió con fuerza y puntualidad meteorológica. Al despuntar el alba, los primeros vientos golpearon los Cayos y empezaron a extenderse por el sur de la península. Casas sumergidas, coches arrastrados, carreteras inutilizadas. La devastación material, en las primeras horas, fue grande, pero los daños humanos parecían haberse minimizado en comparación con otras catástrofes. No fue casual.

En previsión del golpe, el cuarto Estado más poblado de la nación (21 millones de habitantes) había emprendido una gigantesca operación de evacuación y acogida. En los días y horas previos, la Guardia Nacional fue movilizada, más de seis millones de personas habían sido conminadas a que abandonasen sus hogares y a decenas de miles se les dio techo en 393 refugios públicos. Todo ello ayudó. Pero cuando Irma se abalanzó definitivamente sobre Florida, la capacidad de maniobra se volvió escasa, casi nula. La suerte estaba echada. Era la hora de los elementos.