En la Plaza de Lima en Madrid, en su cita con los jóvenes, León XIV los llama a no dejar que sus vidas sean arrebatadas por la ambición de riqueza, placer o poder, a no caer en el vacío de la indiferencia y del conformismo, de la violencia y de la mentira, y más bien ser constructores de una nueva humanidad, misioneros del Evangelio ante las pobrezas materiales y espirituales de nuestro tiempo.
Conociendo a León
Como es tradición, el encuentro de los jóvenes con los Papas, es más que todo un diálogo, el maestro que responde y orienta con su sabiduría y experiencia a inquietudes y dudas. Sin embargo, esta vez, los jóvenes españoles, en este caso, Marina y la peruana María José, han querido más bien conocer mejor a León, su camino espiritual y su vivencia misionera: sus santos preferidos, además de San Agustín, y su experiencia en Perú.
Junto a una breve descripción de cada uno, el Pontífice menciona como sus inspiradores, a san Juan Crisóstomo, a santo Tomás de Villanueva y a santo Toribio de Mogrovejo. Tres santos españoles e incluso uno, San Toribio, misionero en Perú, comprometido por la justicia y un “modelo de entrega al pueblo, especialmente a los más pobres, en el nombre de Cristo”. Entonces, sí, la invitación del Papa ha sido a contemplar la vida de los santos y escoger ejemplos de “vida buena”, que les resulten atractivos.
“En cuanto a los años vividos en Perú – comparte el Papa respondiendo a la segunda pregunta -, como misionero y obispo, recuerdo sobre todo el testimonio de fe de la gente, marcada por muchas dificultades, pero llena de esperanza. Precisamente el encuentro con las heridas y las alegrías del pueblo me hicieron crecer en el camino del seguimiento de Jesús”.